lunes, 5 de septiembre de 2011

Secando la tinta

El hecho de terminar de escribir crea una sensación irreproducible en uno. Saber que lo que acabas de hacer, tu presente, se convertirá en historia, me llena de emoción. Un documento. ¿Que mayor legado puede uno dejar en su vida? Ya se esta absorbiendo la tinta de las ultimas palabras. El tintero, casi vacío, espera a ser llenado de vuelta, así la pluma podrá danzar al compás de mi mano.

Inhalo. Para luego soplar. Soplido de múltiples razones. No solo la superficial, la de secar la tinta. El hecho de un desahogo. Otra misión cumplida.

Escucho ruidos. Tintineos metálicos. Parecen campanas, por el alegre sonido que transmiten. Pero no. Cadenas. Cadenas arrastradas por mis compañeros. Estamos atados. Atados a una sociedad que no es la nuestra. Un extranjero. Sin cadenas visibles. Atado.

Sin embargo vivo. Vivo con una misión. La de dejar registro. Y eso me agrada. Busco una vida digna. Escribo. No solo me agrada a mí, le agrada a los que me mantienen cautivo. Les agrado.

Soy Flavio Josefo. Judío cautivado por el Imperio Romano. Historiador.

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